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BOLETIN ENCIENDE - Nº 7 | Julio 2013

Yo muevo objetos con la mente. ¿Y tú?

Por Casto Rivadulla

Todos nosotros tenemos la capacidad de mover objetos con la mente. En este artículo el autor nos explica cómo lo hacemos.

Supongo que la respuesta que habrás dado es que no, pero ¿seguro que no? No te estoy incitando a creer en patochadas como la telepatía y los poderes paranormales de los que no existe ninguna, repito ninguna, evidencia científica. Te estoy pidiendo que pienses en lo que haces cuando coges el tenedor para comerte tu comida favorita, cuando nadas en el mar, juegas al baloncesto, paseas, corres, mueves los ojos para leer este texto, en definitiva cuando te mueves.

El movimiento y su control es un proceso complejo, en el que intervienen distintas áreas de la corteza cerebral, esa parte más superficial del cerebro donde se encuentran la mayor parte de las neuronas y donde reside la mente consciente. Son las neuronas de una zona concreta, la corteza motora, las que finalmente envían la señal hasta los músculos para que realicen los movimientos que antes planeaste y preparaste. La forma que tienen de enviar la información desde la corteza hasta los músculos es a través de pequeñas corrientes eléctricas que viajan a través de los cables que tenemos en el cuerpo: los nervios.

Cuando esas pequeñas descargas llegan a los músculos estos se mueven. Para que se produzca un movimiento concreto (dar una patada a un balón) han de activarse a la vez las neuronas responsables de mover la pierna con la que vamos a golpear (que son distintas a las de la mano, la cara o la otra pierna) en un orden determinado que nos permita primero mover la pierna hacia atrás y luego hacia delante hasta impactar con el balón. Eso es un ejemplo de movimiento de un objeto con la mente. Si repites el movimiento miles de veces tus neuronas van afinando la señal que envían a los músculos y podrán no sólo golpear el balón, si no que le darán la fuerza y la orientación adecuada para que se cuele por la escuadra de la portería.

En el extremo opuesto, cuando la señal entre el cerebro y los músculos se interrumpe los músculos se quedan totalmente inmóviles y la persona paralizada. Esto es lo que ocurre en el caso de una lesión en la médula espinal (el sitio por donde viajan los cables) que además es irreversible. Mucha de la gente que has visto en silla de ruedas, posiblemente haya sufrido una lesión de este tipo.

Dada la irreversibilidad de la lesión y su gravedad, que puede provocar parálisis total por debajo del cuello, las investigaciones para mejorar la vida de estas personas han explorado múltiples alternativas, algunas de las cuales desafían la imaginación de los guionistas de las películas de ciencia ficción, como la de utilizar las señales eléctricas que genera nuestro cerebro para controlar un robot que se mueva por nosotros. Al fin y al cabo nuestra corteza genera señales eléctricas y cada una de esas se corresponde con un movimiento, si somos capaces de "leer” esas señales, traducirlas y metérselas a un robot, este debería hacer lo que pensemos.

Leer las señales del cerebro no es complejo, disponemos de electrodos y aparatos que pueden hacer eso desde fuera o desde dentro. Cada aproximación tiene sus ventajas y sus inconvenientes, pero no es la obtención de la señal el mayor problema.

Una vez que tenemos la señal, y esta es la parte realmente complicada, tenemos que traducirla y saber qué quiere decirle nuestro cerebro a nuestro robot (brazo mecánico, ratón de ordenador…) para que haga el movimiento que nosotros pensamos y no otro cualquiera.

La forma de identificar el mensaje es hacer que el cerebro lo repita y lo repita. Igual que cuando queremos perfeccionar un movimiento debemos repetirlo muchas veces, en este caso debemos pedir a la persona de la que estamos obteniendo las señales es que piense un movimiento concreto y buscar en la señal que registramos miles de veces aquellos elementos identificativos que nos permitan decir con seguridad que eso se corresponde con el movimiento del brazo, o de la pierna, de los dedos…. Una vez que lo tenemos podemos pasarlo al robot y:


Si estás pensando que el movimiento no es demasiado preciso tienes razón, no lo es, pero ten en cuenta que estamos intentando codificar la señal de miles de millones de neuronas, a partir de la señal que obtenemos de unos pocos cientos, y pretendemos imitar el movimiento humano con un robot que ni se acerca a nuestra capacidad de ejecución. Igual deberías pensar en positivo y recapacitar sobre lo fantástico que es tu sistema motor que te permite mover cosas con la mente sin esfuerzo y con gran exactitud.

Además, intenta ponerte en el lugar de la persona que no puede moverse desde hace muchos años y por primera vez puede beber de un vaso sin ayuda de nadie. Sin duda emocionante para la persona y para los investigadores que después de años de trabajo ven que este da sus frutos.

 


Para el profesor

Un enlace a uno de los laboratorios más activos del mundo en este campo, el de Miguel Nicolelis:

Un artículo de Scientific American sobre las interacciones cerebro máquina: http://67.227.219.148/~beyond/wordpress/wp-content/uploads/2011/01/ScientificAmerican_MindOutofBody_excerpt.pdf

Y un enlace a un artículo en el que se da una vuelta más y una rata es capaz de interpretar las señales que recibe del cerebro de otra rata para saber dónde está la comida. Comunicación entre cerebros (a través de cables). http://www.nature.com/srep/2013/130228/srep01319/full/srep01319.html

Este recurso ha sido preparado por Casto Rivadulla, que investiga en el Instituto del grupo de Neurociencia y Control Motor (NEUROcom) y es profesora de Fisiología en el Departamento de Medicina de la Universidad de A Coruña.