ENCIENDE es un proyecto de la COSCE
BOLETIN ENCIENDE - Nº 23 | Abril 2015

Viviendo juntos

Por Pilar Calvo de Pablo


«La vida es una unión simbiótica y cooperativa que permite triunfar a los que se asocian» Lynn Margulis (1938-2011)

 

<<Buscando a Nemo>>  nos dejó esta imagen grabada en la retina de niños y adultos: el pez-payaso se instala en la anémona y a cambio de ser protegido frente a los depredadores, el pez proporciona a la anémona algunos restos de comida y acicala a su huésped, limpiándola de parásitos.

El proceso de relación entre estos dos organismos se llama simbiosis, término que procede de dos palabras griegas: - syn - junto con, y - bioó - vivir, más el sufijo - sis - que indica proceso. Por tanto, es el proceso de vivir juntos o convivir.

Quizás te suene el término de uno de los personajes que aparece en los cómics de Spiderman: los simbiontes envuelven a sus huéspedes como trajes, creando un vínculo parasitario a través del cual la mente del huésped puede ser influenciada.

En la historia de los seres vivos sobre la Tierra, el proceso de interacción entre especies, a veces muy distintas, ha sido importante y exitoso. Después de mucho tiempo viviendo juntos –coevolucionando-, muchas veces de forma negativa como los simbiontes de Spiderman, los organismos han conseguido relacionarse de forma positiva, incluso modificando aspectos de su estructura y apariencia (adaptación evolutiva) para aumentar sus posibilidades de supervivencia y conseguir que «uno más uno sean mucho más que dos».


Veamos algunos casos:

El caso de los líquenes:

http://guadarramistas.com/wp-content/uploads/2010/02/xanthoria-parietina-liquenes1.jpg

En algún momento habrás visto esta especie de planta que crece en la zona sombría del tronco de los árboles, en las rocas o el alfeizar de la ventana. Pues bien, es el ejemplo clásico de simbiosis: un alga se asocia con un hongo. El alga (a veces es también una cianobacteria) encuentra cobijo entre los tejidos del hongo que recibe alimento gracias a la fotosíntesis que realiza el alga . Pero esta asociación entre alga y hongo ha evolucionado a lo largo de quinientos millones de años. Se supone que las algas verdes no hubieran colonizado nunca tierra firme sin la ayuda de los hongos.

Es el caso más clásico que encuentras en los libros ya que el concepto de simbiosis se inicia con el trabajo de Simon Schwender (1829-1919) y Antón de Bary (1831-1888), que tomaron los líquenes como un organismo de investigación.


Los tiburones y las rémoras:

Seguro que en algún momento del pasado las rémoras fueron presas de los   

tiburones (cómo no va a ser así con la gran diferencia de tamaño), pero con el paso del tiempo alguna de ellas adaptó su anatomía y pegó su aleta dorsal al cuerpo del tiburón: el gran depredador permitió entonces llevarlas en su piel a cambio de que estas le desparasitaran mientras ellas obtenían comida y ahorraban energía al no tener que moverse.


El cocodrilo del Nilo y el chorlito egipcio:

¿Por qué iba a arriesgarse un pequeño pajarillo a ser engullido por las fauces de un cocodrilo y por qué el cocodrilo iba a dejar de comerse al pájaro? Posiblemente, porque los chorlitos iniciaron esta práctica cuando el cocodrilo estaba descansando tras una saciante comilona. Y posiblemente también, fue necesario que murieran muchos chorlitos hasta que se produjo la simbiosis, pero el caso es que el cocodrilo ha encontrado un dentista muy económico y el chorlito encuentra numerosas sanguijuelas que le sirven de alimento.

Sin embargo, existen otros fascinantes consorcios mucho menos conocidos y visuales que ocurren entre diferentes tipos de microorganismos y los animales y las plantas.


Los rumiantes y las bacterias del rumen:

Seguro que te habrá sorprendido la enorme tripa que tienen los rumiantes (su capacidad es enorme: 100 a 150 litros en una vaca). Es lógico si sabemos que el rumen es el lugar de digestión de la celulosa, un hidrato de carbono que forma el esqueleto principal de la planta y que los mamíferos no podemos digerir. Entonces, ¿por qué vacas, ovejas, cabras… no paran de comer pastos todo el día? El rumen tiene de 1010 a 1011 bacterias/g en un «caldo» en el que los microorganismos (principalmente bacterias) son capaces de romper la celulosa y fermentar la glucosa liberada para producir energía y otros componentes necesarios para formar las estructuras celulares de estos animales.


Calamar hawaiano y bacterias:

Este pequeño calamar de 4 cm, Euprymna scolopes, ha conseguido parecer mucho más intimidante a sus depredadores asociándose con grandes poblaciones de un tipo de bacteria bioluminiscente, Aliivibrio fischeri . La bacteria, que se sitúa en la parte ventral del calamar, emite una luz que se parece a la de la luna penetrando el agua del mar, y defiende a este de los depredadores que atacan desde abajo. Pero ¿qué ventaja saca la bacteria? Pues que ella crece mucho mejor dentro del calamar que en el mar abierto porque recibe nutrientes del cuerpo del invertebrado y así desarrolla grandes poblaciones frente a otras bacterias marinas.


Los hongos y las raíces de las plantas (micorrizas):

Este caso te parecerá más complejo pero es muy interesante y ¡hasta el 90 por ciento de las plantas superiores establecen este tipo de simbiosis! Se trata de una asociación entre las raíces de las plantas y algunos hongos.

¿Cuál es el «acuerdo de ayuda» al que han llegado la planta y el hongo? Como tu bien sabes, los hongos se alimentan de materia orgánica (aquí obtienen carbono de las secreciones de la planta), pero ¿cuál es la ventaja para la planta? Durante un tiempo, los científicos solo sabían que los arboles con micorrizas crecían mucho mejor que sin ellas. Ahora sabemos que el micelio del hongo (como sus «raíces» debajo de tierra) permite absorber mucho mejor los nutrientes a la planta y con mayor eficacia.


Los nódulos radicales de las plantas leguminosas y las bacterias que fijan nitrógeno:

Las leguminosas son plantas con semillas dentro de una vaina (guisantes, judías, soja, alfalfa). Estas plantas juegan un papel fundamental para incorporar el nitrógeno del aire que, la mayoría de los seres vivos, no podemos obtener. Este nitrógeno después formará proteínas de la planta, de los herbívoros y finalmente del resto de animales, que no podrían de otra forma construir sus propias proteínas. ¿Cuál ha sido el «truco» de estas plantas para hacer este proceso? Pues asociarse con unas bacterias –las bacterias fijadoras de nitrógeno- que se han incluido en los nódulos de sus raíces. Además, este hecho supone un importante ahorro para los agricultores que, en caso contrario, tienen que abonar el suelo con fertilizantes.

Los ejemplos que te he contado son solo algunos de los que a lo largo de la evolución han conseguido reforzar el papel de los organismos que en ellos han participado (piensa, por ejemplo, en la satisfacción y el éxito que obtienes cuando dos amigos os ayudáis para conseguir un logro).

Pero no hemos hablado todavía de la simbiosis más importante y trascendental para todos los organismos superiores. Esta ocurrió hace millones de años y condujo al origen de la primera célula eucariota.


Y de la simbiosis surgieron las células eucariotas...

En 1967, una entusiasta científica americana, Lynn Margulis, aventura el origen de la célula eucariota, de la siguiente forma:

Todos los organismos pluricelulares (hongos, plantas y animales) existen gracias a una simbiosis entre distintos tipos de bacterias que se integran en una célula procariota para originar los orgánulos que hoy conocemos como mitocondrias y cloroplastos .


Dos pasos fundamentales se sucedieron en este proceso:

- En algún momento del proterozoico, hace unos 2000 millones de años, algunos organismos procariotas evolucionados (bacterias con una membrana y una hebra de material genético en forma de DNA) empezaron a asociarse mediante endosimbiosis a otras bacterias aerobias. En principio, esa relación podría ser parasitaria, pero con el tiempo ambos individuos podrían llegar a una relación de beneficio mutuo, una relación fructífera que se vería favorecida por la selección natural y los individuos implicados proliferaron.

   • Así aparecieron las mitocondrias que permitían la respiración aerobia, más eficaz para degradar los alimentos adquiridos.


-Algo más tarde, hace 1500 millones de años, estos organismos fagocitaron una cianobacteria que podía realizar la fotosíntesis oxigénica.

  • Así aparecieron los cloroplastos y de estos organismos han derivado después las algas rojas, las algas verdes y las plantas. El resto de los eucariotas fotosintetizadores (por ejemplo, las algas pardas) adquirieron a su vez esta condición por el mismo sistema, pero adoptando como endosimbionte un alga roja o un alga verde unicelulares.

Dos pruebas claves para esta teoría son:

  • La presencia del DNA propio en mitocondrias y cloroplastos.

  • La presencia de doble membrana en estos dos orgánulos: la membrana interior de la bacteria primaria y la segunda adquirida en la fagocitosis.

Hoy en día la teoría endosimbiótica de Margulis está totalmente admitida por la comunidad científica y sabemos que la relación entre organismos ha sido esencial en la evolución.

Una moraleja importante para los humanos: intentemos pues llegar a esas relaciones tan positivas cuanto antes para el beneficio individual, de la especie y de la supervivencia de los seres vivos en el planeta.

Ampliación

Algunos vídeos que muestran relaciones simbióticas:

https://www.youtube.com/watch

https://youtu.be/2AM3ARs9MMg

http://cmclagunas.blogspot.com.es


Para los mayores:

Página de la Universidad Autónoma de Barcelona con una entrevista a Lynn Margulis sobre su teoría de la simbiogénesis:

http://www.uab.cat/servlet/Satellite?


Este recurso ha sido preparado por Pilar Calvo de Pablo, miembro de la Comisión Permanente de Enciende, profesora de secundaria y profesora asociada en el Departamento de Microbiología de la Facultad de Biología de la Universidad Complutense de Madrid (UCM).